Michel Houellebecq
Literatura Contemporánea
En la contraportada del libro se hace referencia a Michel Houellebecq como el portavoz de toda una generación. Los ‘especialistas’ encargados de la clasificación del ser humano le dieron un nombre a esta prole: la X. Si bien el autor, por un asunto de fechas - y también de espacio-, no encaja dentro de este riguroso esquema -que tiene tanto de estudio de mercado como de pronosticador de tendencias- su protagonista posee en carne propia muchas de las características con las que se ha dado por definir a esta generación ‘perdida’, a esta generación anónima, fetichista del fracaso y del dolor, tal como él.
“ninguna época ha sido capaz de desarrollar en los hombres tal cantidad de amargura. Desde este punto de vista, vivimos tiempos sin precedentes. Si hubiera que resumir el estado mental contemporáneo en una palabra yo elegiría, sin dudarlo, amargura” (pg 166).
Y es a partir de la amargura que houllebecq construye una radiografía bastante lucida de nuestros tiempos, en donde el desencanto, el tedio y la desidia componen un relato que termina por resultar dolorosamente familiar. Y divertido, porque a estas alturas la ironía es una de las pocas cosas que al parecer va quedando (ya ni la música le basta al personaje).
Se ha hablado mucho de las similitudes que existen entre el protagonista sin nombre de esta novela y Meursault, el extranjero de Camus, partiendo por la narración en primera persona, la indeferencia ante todo, la falta de creencias, la carencia de valores, y el desencanto por supuesto. Sin embargo la naturaleza de estas dolencias es diferente. Al personaje de Houellebecq habría que situarlo, quizás, mas cercano a la génesis de los personajes de Bret Easton Ellis, productos de un capitalismo salvaje que los convierte en pequeñas fichas de mercado, que enaltece el materialismo, el consumo, el exitismo, la belleza.. aunque ya sin la rabia vertida en violencia con que estos se enfrentaban al propio vacío existencial.. Porque ya ni eso le queda a este informático. Ahogada la rabia, el resentimiento, lo que queda es la nada, el letargo, y una buena dosis de cinismo..
“la forma novelesca no está concebida para retratar la indiferencia, ni la nada” dice Houllebecq, y sin embargo construye un relato precisamente desde ahí.. desde esa cotidiana desesperanza donde nada pareciera realmente suceder: robos que no son tal, verborrea seudoinformatica que no dice nada, reuniones que poco importan, citas que no se concretan, asesinatos que no se cometen, relaciones sexuales que no se producen..
La ampliación del campo de batalla es evidentemente desde este brutal escenario que propicia la libertad económica hacia la esfera intima de las relaciones humanas, hacia la libertad sexual, generando el mismo sistema de jerarquizacion de vencedores y vencidos, entregándo de paso la misma dosis de miseria, vacuidad y hastío en las relaciones íntimas.
Así como el exitismo del personaje, (joven, ingeniero, salario 2,5 superior al promedio) desencadena en un bienestar anodino, en el plano sexual este sistema de jerarquizacion deviene también en un aburrimiento vital.. Hay constantes referencias a la castración y al sinsentido de iniciar una empresa amorosa (“el agujero que tenia bajo el vientre debía de parecerle de lo mas inútil. Uno siempre puede cortarse la polla, pero ¿Cómo se olvida la vacuidad de una vagina? (pg 53)” “la idea me obsesiona: cortarme el sexo. Imagino las tijeras en la mano, la breve resistencia de la carne, y de pronto el muñón sanguinolento, el probable desmayo (pg 161)”). La fábula de la vaca, al comienzo del libro, ya otorga luces sobre la visión de las cínicas formas en que se conciben las relaciones, pero es con la tesis de su amigo cura donde el panorama queda perfectamente claro: “el interés que nuestra sociedad finge experimentar por el erotismo (a través de la publicidad, las revistas, los medios de comunicación en general) es totalmente ficticio. A la mayoría de la gente, en realidad, le aburre enseguida el tema: pero fingen lo contrario a causa de una estrafalaria hipocresía al revés. (…) Nuestra civilización, dice, padece un agotamiento vital. En el siglo de Luis XIV, cuando el apetito por la vida era grande, la cultura oficial enfatizaba la negación de los placeres y de la carne; recordaba con insistencia que la vida mundana sólo ofrece satisfacciones imperfectas, que la única fuente verdadera de felicidad está en Dios. Un discurso así, afirma no se podría tolerar ahora. Necesitamos la aventura y el erotismo, porque necesitamos oírnos repetir que la vida es maravillosa y excitante, y está claro que sobre esto tenemos ciertas dudas. (pg 37)”
No hay dudas para el personaje de esta novela, de hecho, lo que lo derrumba es la excesiva lucidez con que enfrenta toda la mierda de estos tiempos. El hecho que sea informático, mas allá de resaltar lo tedioso del trabajo, alude a la era de la información o de la (in)comunicación en donde se hace mas patente esa incapacidad de relacionarnos, de amar o de que algo verdaderamente importe en semejante escenario.. y aunque nuestro antihéroe pueda llegar a tener leves despojos de esperanza (dos de los epigrafes incluidos en el texto aluden a ‘tiempos mejores’) o le reconozca a su compañero muerto la voluntad de la batalla hasta el final, el desencanto en la humanidad es evidente, trasladando las relaciones humanas a un escenario de fábula, comparándonos con animales, porque quizás eso es lo que somos, ovejitas en un rebaño orwelliano..
Michel Houellebecq, "Ampliación del campo de batalla", Ed. Anagrama, Barcelona, España, 1999.
Literatura Contemporánea
En la contraportada del libro se hace referencia a Michel Houellebecq como el portavoz de toda una generación. Los ‘especialistas’ encargados de la clasificación del ser humano le dieron un nombre a esta prole: la X. Si bien el autor, por un asunto de fechas - y también de espacio-, no encaja dentro de este riguroso esquema -que tiene tanto de estudio de mercado como de pronosticador de tendencias- su protagonista posee en carne propia muchas de las características con las que se ha dado por definir a esta generación ‘perdida’, a esta generación anónima, fetichista del fracaso y del dolor, tal como él.
“ninguna época ha sido capaz de desarrollar en los hombres tal cantidad de amargura. Desde este punto de vista, vivimos tiempos sin precedentes. Si hubiera que resumir el estado mental contemporáneo en una palabra yo elegiría, sin dudarlo, amargura” (pg 166).
Y es a partir de la amargura que houllebecq construye una radiografía bastante lucida de nuestros tiempos, en donde el desencanto, el tedio y la desidia componen un relato que termina por resultar dolorosamente familiar. Y divertido, porque a estas alturas la ironía es una de las pocas cosas que al parecer va quedando (ya ni la música le basta al personaje).
Se ha hablado mucho de las similitudes que existen entre el protagonista sin nombre de esta novela y Meursault, el extranjero de Camus, partiendo por la narración en primera persona, la indeferencia ante todo, la falta de creencias, la carencia de valores, y el desencanto por supuesto. Sin embargo la naturaleza de estas dolencias es diferente. Al personaje de Houellebecq habría que situarlo, quizás, mas cercano a la génesis de los personajes de Bret Easton Ellis, productos de un capitalismo salvaje que los convierte en pequeñas fichas de mercado, que enaltece el materialismo, el consumo, el exitismo, la belleza.. aunque ya sin la rabia vertida en violencia con que estos se enfrentaban al propio vacío existencial.. Porque ya ni eso le queda a este informático. Ahogada la rabia, el resentimiento, lo que queda es la nada, el letargo, y una buena dosis de cinismo..
“la forma novelesca no está concebida para retratar la indiferencia, ni la nada” dice Houllebecq, y sin embargo construye un relato precisamente desde ahí.. desde esa cotidiana desesperanza donde nada pareciera realmente suceder: robos que no son tal, verborrea seudoinformatica que no dice nada, reuniones que poco importan, citas que no se concretan, asesinatos que no se cometen, relaciones sexuales que no se producen..
La ampliación del campo de batalla es evidentemente desde este brutal escenario que propicia la libertad económica hacia la esfera intima de las relaciones humanas, hacia la libertad sexual, generando el mismo sistema de jerarquizacion de vencedores y vencidos, entregándo de paso la misma dosis de miseria, vacuidad y hastío en las relaciones íntimas.
Así como el exitismo del personaje, (joven, ingeniero, salario 2,5 superior al promedio) desencadena en un bienestar anodino, en el plano sexual este sistema de jerarquizacion deviene también en un aburrimiento vital.. Hay constantes referencias a la castración y al sinsentido de iniciar una empresa amorosa (“el agujero que tenia bajo el vientre debía de parecerle de lo mas inútil. Uno siempre puede cortarse la polla, pero ¿Cómo se olvida la vacuidad de una vagina? (pg 53)” “la idea me obsesiona: cortarme el sexo. Imagino las tijeras en la mano, la breve resistencia de la carne, y de pronto el muñón sanguinolento, el probable desmayo (pg 161)”). La fábula de la vaca, al comienzo del libro, ya otorga luces sobre la visión de las cínicas formas en que se conciben las relaciones, pero es con la tesis de su amigo cura donde el panorama queda perfectamente claro: “el interés que nuestra sociedad finge experimentar por el erotismo (a través de la publicidad, las revistas, los medios de comunicación en general) es totalmente ficticio. A la mayoría de la gente, en realidad, le aburre enseguida el tema: pero fingen lo contrario a causa de una estrafalaria hipocresía al revés. (…) Nuestra civilización, dice, padece un agotamiento vital. En el siglo de Luis XIV, cuando el apetito por la vida era grande, la cultura oficial enfatizaba la negación de los placeres y de la carne; recordaba con insistencia que la vida mundana sólo ofrece satisfacciones imperfectas, que la única fuente verdadera de felicidad está en Dios. Un discurso así, afirma no se podría tolerar ahora. Necesitamos la aventura y el erotismo, porque necesitamos oírnos repetir que la vida es maravillosa y excitante, y está claro que sobre esto tenemos ciertas dudas. (pg 37)”
No hay dudas para el personaje de esta novela, de hecho, lo que lo derrumba es la excesiva lucidez con que enfrenta toda la mierda de estos tiempos. El hecho que sea informático, mas allá de resaltar lo tedioso del trabajo, alude a la era de la información o de la (in)comunicación en donde se hace mas patente esa incapacidad de relacionarnos, de amar o de que algo verdaderamente importe en semejante escenario.. y aunque nuestro antihéroe pueda llegar a tener leves despojos de esperanza (dos de los epigrafes incluidos en el texto aluden a ‘tiempos mejores’) o le reconozca a su compañero muerto la voluntad de la batalla hasta el final, el desencanto en la humanidad es evidente, trasladando las relaciones humanas a un escenario de fábula, comparándonos con animales, porque quizás eso es lo que somos, ovejitas en un rebaño orwelliano..
Michel Houellebecq, "Ampliación del campo de batalla", Ed. Anagrama, Barcelona, España, 1999.
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