martes, 7 de agosto de 2007

La Ciencia del Sueño

Michel Gondry, Francia, 2006

Con un imaginario personal hecho de cartón y fieltro, Michel Gondry entrega un cine artesanal que contrapunta todo el remozado arsenal de efectos especiales y pixeles del que esta hecho el cine de hoy. Considerando que podría haber puesto a su disposición toda la tecnología del momento para la recreación de su imaginario fílmico, la opción de gondry responde a una postura autoral que se conlleva con su forma de hacer y entender el cine y que plasma en las "niñerías" e inventos de stephane miraoux, personaje que construye como su alter ego.

En ‘la ciencia del sueño’ Gondry nos presenta ante todo una historia de amor entre stephane, un personaje que vive ensimismado en un mundo onirico que fusiona constantemente con la realidad, y stephanie, una mujer que no solo comparte codigos similares si no tambien las mismas inseguridades e incapacidades a la hora de relacionarse.

Partiendo de esta base nos encontramos con una obra que bajo su cascara de pelicula romantica esconde un desolador panorama de incomunicación, en el que los delirios del personaje le impiden funcionar en el mundo real, alejando a stephanie en la medida que la acerca e idealiza en sus sueños. Tal como clementine en eterno resplandor de una mente sin recuerdos, stephanie funciona como una proyeccion creada en la mente del personaje. Disimiles ambas, la de los sueños o recuerdos, de las de la realidad. Las mujeres de gondry no son mas que ecos a conveniencia del ser humano original.

Para gondry pareciera ser la conciencia de esta dualidad el origen de todo fracaso a la hora de entablar relaciones. Lo onirico se presenta aqui como un sustituto de la realidad en donde conectarse resulta bastante mas simple y menos doloroso. En este escenario stephanie responde a los deseos de stephane de la manera que él espera, convencido de que en la realidad no sucederia asi. Pero aqui es donde yerra pues se niega a priori a que sus deseos reprimidos se correspondan con la realidad. y lo que comienza como un juego ludico de realidades paralelas, termina convirtiendose en una pesadilla demencial para stephane que rechaza sistematicamente lo que le sucede cuando esta despierto, sin darse cuenta incluso que esta negandose a sus sueños de celofan.

Si en eterno resplandor se enfrentaba al tema de las relaciones amorosas a partir del olvido, aca gondry lo hace desde los sueños. En el primer caso desde la deconstruccion de una relacion a partir de los recuerdos y en esta desde la construccion de una relacion a partir de la imaginacion. En ambos casos la vision que se deja entrever contiene crueles apuntes sobre la manera de concebir nuestras relaciones. Sin embargo gondry cubre todo este discurso un tanto pesimista (y tremendamente realista) con una carcaza comica, con momentos poeticos y escenarios oniricos dignos del mejor truco.

En esta su tercera pelicula y ya sin la impronta autoral de charlie kaufman encima, michel gondry da rienda suelta a su imaginario visual. si en eterno resplandor el personaje interpretado por carrey funcionaba como alterego del propio kaufman deambulando en sus vericuetos mentales, en esta stephane lo hace de gondry, un adulto que se niega a crecer y que hace de ciertas caracteristicas de la infancia, como la inmadurez, la timidez, la creatividad e inventividad el eje central de su obra, plasmandolo eficazmente en su mundo infantil hecho de juguetes caseros y efectos que no pretenden en ningun caso articularse de manera perfecta y limpia, sino dejar el evidente rastro de un producto hecho a mano. Toda la estética de la película funciona de esta forma. Todo el cine de gondry funciona así.