lunes, 28 de mayo de 2007

SCOOP

Woody Allen, Inglaterra, 2006.

Critica de Arte

Prof: Valentina Montero


No he visto todo su cine ni estoy cerca de ser una alleniana acérrima. No comparto la nostalgia y la (cada vez menor) incondicionalidad de sus seguidores que asisten cual rito anual al encuentro de "su ultima obra maestra". Es más, tengo mis reparos frente a esa autocomplaciente y terca necesidad de sumar, año tras año, una nueva película a su extensa filmografía. Esto hace inevitable (y a veces odiosa) la tendencia a hacer comparaciones entre ellas, clasificándolas siempre en torno a dualidades: comedias existencialistas o dramas dostoievskianos, películas ligeras o criticas mordaces, películas 'de autor' donde tiene algo que decir o películas que parecen hechas para cumplir con su norma anual y que caen en la paradigmática categoría de ser "otra comedia de Woody Allen".

Podrá ser una mala costumbre (hay muchos que piensan que debería jubilarse o tomar vacaciones en vez de hacer forzosamente películas), pero la verdad es que aun así el tipo es capaz de hacerme reír en cada nueva aparición. Aunque sea solo eso. El problema es siempre un asunto de expectativas.

¿Es lícito esperar o más bien exigir de un autor como Woody Allen algo más que risas y manierismos a los que ya nos tiene acostumbrados?

¿Es lícito exigirle un ejercicio autoral que trascienda la marca registrada?

¿Es lícito exigirle algo que tal vez ni siquiera se ha propuesto (quizás a estas alturas solo quiere hacernos reír)?

Talvéz no, pero es inevitable. Aunque con Allen el vaivén entre películas menores y mayores siga un patrón al que uno ya se comienza a (mal)acostumbrar.

Desde Match Point Woody Allen agrega otra dualidad: la espacial. Ya lejos de su amado Manhattan, del intelectualismo neoyorquino y del jazz, Allen marca un (aparente) punto de inflexión en su cine al situarlo en Londres. Aparente, porque independiente del género, del tiempo o del lugar sigue manteniéndose fiel a los mismos temas e inquietudes. Podrá cambiar la high class neoyorquina por la aristocracia londinense o ponernos a Tchaikovsky en vez de jazz, pero sus personajes siguen siendo igual de hipócritas, cínicos y neuróticos.

Scoop, su segunda película filmada en Londres y la última que presenta, cae en la categoría de ser "otra comedia de Woody Allen". Una comedia ligera que entretiene y saca risas pero que desluce al lado de su predecesora Match Point, con la que comparte no solo el entorno de la alta sociedad londinense sino también a su protagonista (y al parecer nueva musa) Scarlett Johansson.

El hilo argumental de la película trata sobre una estudiante de periodismo que investiga a un aristócrata londinense del que sospecha es un asesino en serie, esto con la ayuda de un mago prestidigitador de cuarta categoría (interpretado por el propio allen) y los consejos de un célebre periodista muerto que se aparece fantasmalmente en la cabina "desmaterializadora" del mago. En el camino la aspirante a periodista comienza a enamorarse de su objeto de estudio entorpeciendo la investigación y provocando una serie de irrisorias situaciones.

La pareja protagonica funciona. Allen parece contagiar de su neurosis a la Johansson y entre ellos se crea una suerte de vínculo filial (no como lo entiende Woody por suerte), pero ahí acaba el cuento. No hay desarrollo en los demás personajes, funcionando éstos más como marionetas al servicio de los gags de Allen que a aportar algo trascendente a la historia.

Una historia hecha para el lucimiento del propio Allen, una tribuna que se ha ganado y que acá utiliza desde el escenario del mago Splendini para hablar de sus manías o sus gustos y adular constantemente a su público ("de verdad se los digo, son un público maravilloso, un ejemplo para su raza") consciente de que lo que esta ofreciendo no es más que un falso truco sustentado únicamente en sus palabras (irónico no?). Pero es este el mayor acierto de la película y en donde Allen reluce esa exquisita capacidad que tiene de reírse de él mismo, personificándose genialmente en un prestidigitador de oficio, de esos que rutina tras rutina son capaces de meterse el publico al bolsillo tras el truco mas clásico.

Quizás (y este es un quizás de cortesía) la única gracia de Scoop sea el propio Allen, y en ese caso no se formula como un buen ejercicio cinematográfico, sino como película digerible solo por quienes aún ríen con su eterna neurosis y narcisismo confeso.

"Yo nací en la confesión israelita, pero con el tiempo me pasé a la narcisista", dice Allen por ahí. Yo nací cuando Allen ya era un autor con importantes obras bajo el brazo y la puesta al día con su cine aún no desencadena en la desidia en que probablemente ha caído gran parte de su público. Insisto, quizás la única gracia de Scoop sea el propio Allen, pero para alguien que a lo sumo lleva 10 años viendo sus tics, el tipo aún resulta simpático en sus tartamudeos y chistes rápidos. Pero de él (y ya lo ha demostrado) siempre se puede esperar más. Quizás sea hora que finalice su ejercicio onanista anual y se dedique a entregar algo más que buenas rutinas humorísticas, porque más de lo mismo tarde o temprano acabara por aburrir.


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